El Olímpic de Badalona se prepara para una final nueva que coronará a un nuevo monarca europeo. Este sábado, a las 20:00 horas, el AEK Atenas y el Rytas Vilnius se medirán en un desafío que asegura contrastar la veteranía griega contra la insolencia ofensiva de los lituanos. Ambos equipos llegan tras firmar actuaciones impecables en semifinales, donde dejaron en la cuneta a los representantes españoles, erigiéndose por méritos propios como los dos mejores proyectos de la temporada.
El grupo comandado por Dragan Sakota se muestra en la enorme final con el cartel de ligero favorito , respaldado por una trayectoria prácticamente inmaculada: solo dos derrotas en 16 encuentros en esta edición de la BCL. El AEK ha demostrado ser un equipo rocoso que sabe controlar el tempo del juego, apoyado en un bloque que sabe lo que es padecer y ganar en Europa.
La piedra angular del AEK es su MVP, Frank Bartley. El alero estadounidense es el termómetro del aparato : siempre que Bartley supera la barrera de los 16 puntos, el AEK se asegura la victoria. Su capacidad anotadora (18,5 puntos de media) al lado del oficio y la lectura de juego de James Nunnally, convierten al cuadro heleno en un contrincante extremadamente arriesgado en ocasiones de igualdad.
En frente de la estructura helena, el Rytas Vilnius ofrece un baloncesto de alta intensidad. Lejos de amilanarse en su debut en una Final Four, los lituanos arrollaron en semifinales gracias a un juego físico y vertiginoso. Lideran la competición en posesiones por partido (75,5) y son los máximos exponentes del contraataque, promediando unos contundentes 90,5 puntos por acercamiento.
El talento desequilibrante del escolta Jerrick Harding, quien llega con la moral por las nubes tras endilgar 29 puntos a su último contrincante , va a ser la enorme amenaza para la defensa griega. La capacidad de Speedy Smith para regentar el caos controlado y la contundencia de Arturas Gudaitis en la pintura completan un bloque que no solo busca el título, sino imponer un ritmo que asfixie al AEK desde el salto inicial.
La enorme pregunta es si se impondrá el ritmo pausado y quirúrgico de los de Sakota o la anarquía organizada de los bálticos. Mientras que el AEK intentará llevar el partido a un lote de pertenencias largas y defensa estática, el Rytas procurará transformar la final en un intercambio de golpes incesante. Con el apoyo de sus respectivas aficiones, que convirtieron Badalona en un hervidero, el título de la Champions se puede elegir por datos.

